La paciencia es una virtud bien distinta de la mera
pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple
aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con
serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas.
Identificamos entonces nuestra voluntad con la de esa “chispa” divina de la
que procedemos, y eso nos permite mantener la fidelidad en medio de las
persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de animo y de la
alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.
La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Esto
hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las
cosas sucedan ya que piensan que a las cosas que no dependen estrictamente
de uno hay que darles tiempo.
La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad
que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías,
triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de
una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.
De verdad nos ha hecho más fuertes?
Maldita espera silenciosa...
Tal vez, has pensado en renunciar? Yo aún no...


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